Fundamentos del Creacionismo

Se ha desatado una discusión que ha tomado diferentes caminos según los intereses (ateos vs. creyentes,  creacionistas vs. evolucionistas) y ahora añado otra dimensión:  fundamentalistas vs. “interpretacionistas” —si se quiere—.   En este tema,  la discusión basada en la ciencia es de segundo orden para los creacionistas y atenerse a esa vena de discusión es improductivo.   Es frecuente ver autores que dan una serie de nombres y datos paleontológicos que demuestran algún conocimiento sobre el tema,  pero sin dar muestras de estar al día en un tema que evoluciona casi diariamente.   No entraré por ese camino —que es fascinante— sino me dirigiré a su interés profundo,  que es la base del creacionismo,  la Biblia,  y a la posición del Vaticano sobre el asunto.

Comenzaré por la posición del Vaticano.  El libro sobre Biología Molecular y Evolutiva es un compendio de veintidós estudios científicos editados por Robert John Russell, William R. Stoeger SJ, y Francisco J. Ayala como parte de una serie en torno a las “Perspectivas Científicas Sobre la Acción Divina” que estudian la interacción creativa entre la biología molecular evolutiva,  la filosofía  y la teología.   Esta serie es el resultado de la tercera de cinco conferencias internacionales de investigación co-patrocinadas por el Observatorio Vaticano,  Roma y el “Center for Theology and the Natural Sciences” de Berkely.   Este tema ha sido promovido por Juan Pablo Magno personalmente  y hoy sigue promovido con igual interés por Benedicto XVI.   Aunque en 1909 y 1912 la Iglesia emitió dictámenes sobre la “historicidad” de los once primeros capítulos del Génesis,  en 1950 Pío XII en “Humani generis” abrió el tema a discusión de los especialistas.   Hoy se reconoce que hay que tomar en cuenta los géneros literarios para interpretar y entender los textos bíblicos.   No es igual una poesía —como en los Salmos— que una obra dramática —como Job o Jonás— que una crónica real —como los libros de Crónicas o Reyes—.

Para lo que sigue en este párrafo, voy a estar citando y comentando a Luis Cencillo —licenciado en filosofía, derecho y teología,  y doctor en filología clásica.   Asimismo,  psicoanalista y profesor desde 1957 en diferentes universidades del ámbito austro-alemán y,  finalmente, agregado de Historia de los sistemas de la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de Antropología en la Universidad de Salamanca en 1979— en su obra  “Los Mitos, sus mundos y su verdad”.   El padre Cencillo es autor de múltiples libros sobre estos temas.   Sobre el libro del Génesis afirma que “parece obvio que unos acontecimientos tan remotos y tan fundantes no pudieran ser narrados en forma histórica en modo alguno;  pero,  si no eran un mero relato histórico,  a la fuerza habrían de adoptar códigos alegóricos,  es decir,  míticos.   Bien entendido que los mitos en modo alguno son invenciones fabulosas y fantásticamente arbitrarios (es decir,  fábulas),  sino profundas intuiciones certeras,  pero pre-filosóficas,  pre-teológicas  y,  desde luego,  pre-científicas (pues para que haya ciencia ha de haber ante todo un lenguaje [científico],  y este lenguaje sólo empieza en Europa hacia el s. XVII)”.   En otras palabras,  el propósito del Génesis no es historia,  sino reflexión sobre el sentido de la vida y la naturaleza del hombre,  y del pueblo que Dios llamó a ser suyo.  Este sentido se expresa en imágenes analógicas basadas en elementos míticos y metafóricos que requieren una clave de interpretación de acuerdo a su estilo.   Para entrar en este tema más a fondo se requiere otro ambiente que el periodístico.

El creacionismo parte de una ingenua lectura literal de los primeros capítulos del Génesis y no tiene otro fundamento.   Pero,  si examinamos los relatos tomando en cuenta sus géneros literarios,  nos encontramos con que hay dos narraciones muy distintas que se refieren al mismo tema  y,  aunque lo tratan de manera diversa y son contradictorias desde un punto de vista literalista,  interpretadas da acuerdo a sus respectivas claves,  dicen las mismas cosas.   Veamos.   La primera narración va desde Gn 1, 1–Gn 2, 4ª.   La segunda narración va desde Gn 2, 4b al final de Gn 3 —para nuestros propósitos, basta llegar a al final de Gn 2—.   En la primera narración crea la naturaleza primero en forma ordenada y creciente,  terminando con el hombre y el día de descanso.   En la segunda narración,  muy distinta en forma,  crea primero al hombre,  luego el jardín  y luego los animales.   ¡¿Cómo tomar esto literalmente?!   En cambio,  en ambos casos se presenta a un hombre que participa de la vida divina.   En la primera narración es creado a imagen y semejanza de Dios,  macho y hembra,  como Dios.   En la segunda narración Dios le insufla su espíritu a la materia —barro rojo, “adamah” en hebreo— para que sea hombre —adam en hebreo,  de donde nuestro Adán—.   Basten estos ejemplos para explicar la naturaleza de la diferencia entre las maneras de interpretar la Biblia de los fundamentalistas y de los que la interpretamos de acuerdo a sus géneros literarios bajo la tradición de la Iglesia en su devenir histórico.

El verdadero punto de partida de la dicotomía “creacionista – evolucionista” está en la forma de interpretar la Biblia de los Católicos y de los Protestantes —hoy día especialmente las denominaciones fundamentalistas—.   Por ello no hay que meter a los católicos en la redada de los creacionistas.   Sí es necesario recalcar que los católicos sí creemos que Dios creó el mundo,  pero de acuerdo a su sabio proceder.   Como creemos que no puede haber contradicción entre nuestra fe y la ciencia —buena ciencia y fe buena,  porque hay mala de ambos lados—,  leemos la historia de la evolución como palabra natural y primordial de Dios.   Hay una vieja tradición que habla de los dos libros de la revelación,  la misma creación en su devenir y las sagradas escrituras.   Aquella,  la historia de la creación evolutiva que continúa en la historia del hombre y de su vida social,  nos revela mucho sobre Dios y su intención para con nosotros,  que vemos como una intención creadora–salvadora que ha de llegar a su fin en la plenitud de los tiempos,  cuando su proyecto sea plenamente realizado.   Las escrituras son la reducción de la historia de un pueblo que ha vivido un encuentro con Dios a escritos,  semillas que contienen la esencia de ese encuentro con Dios,  pero que necesita hallar tierra fértil en donde germinar, desarrollarse y dar frutos.   Estas escrituras contienen la Palabra de Dios,  pero no son la Palabra de Dios.   La Palabra de Dios es la misma acción de Dios en la historia,  la cual llega a su cima en la persona de Jesucristo,  y continúa en los que se hacen “carne de su carne”.

El agnóstico y el ateo no pueden dar su adherencia a todo esto  y respetamos su conciencia y libertad  así como la de los hermanos separados.   Lo que no podemos dejar de hacer es proclamar la verdad que conocemos y anunciar a los hombres la Buena Noticia de que somos criaturas del Dios bondadoso y creador,  quien nos ama y nos lleva por medio de su creación y salvación continuas a la plena realización de nuestros anhelos más profundos.

About these ads

Acerca de titobennett

Soy panameño, católico, neocatecúmeno, liberal minarquista, empresario jubilado, M. Ed. Sicología del Aprendizaje, B.S. Economía, casado con Lilibeth Arosemena de Bennett
Esta entrada fue publicada en Buenas Nuevas, Comunidad, Libertad, Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s